Reconocer la violencia de género contra las mujeres y definirla jurídicamente para obligar a los

Estados a realizar acciones para prevenirla, atenderla, sancionarla y erradicarla ha sido uno de los

grandes aportes de los feminismos en el siglo XX.

En particular, América Latina ha avanzado en su legislación regional de manera firme: la

Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres

hasta la fecha no tiene comparativo en el mundo. Es un marco de obligaciones para los Estados

que permite realizar desde la sociedad civil el monitoreo de sus acciones, sustentando su trabajo

local. 

Si bien, la definición en dicha Convención es lo suficientemente amplia y desglosada que incluye

los diversos hechos y ámbitos en que se comete, así como los distintos sujetos que pueden estar

involucrados en la violencia de género contra las mujeres, su desarrollo conceptual, político y

jurídico se ha enriquecido y afinando a lo largo de los años.

En la actualidad la violencia contra las mujeres atenta o termina con su vida, ya sea con homicidios

o asesinatos intencionales, por muertes que con un buen acceso a sus derechos habrían sido

prevenidas, así como la impunidad ante el esclarecimiento de estos hechos han marcado un nuevo

espacio de acción y reflexión.

La violencia basada en género puede originar severas consecuencias en la vida de las mujeres y

sus familiares, algunas mujeres pierden la vida (Femicidio) y otras sobreviven con dificultad, hay

un daño severo al proyecto de vida y esto puede traducirse en desplazamiento forzado o expulsión

de población en busca de protección.

Una de las principales causas que provoca que las mujeres sigan siendo víctimas de estos

vejámenes es la impunidad imperante, mientras no se combata de manera frontal, no habrá paz

para las mujeres.

La feminización de la migración es una de las evidencias del impacto de la violencia en la vida de

las mujeres, según la Organización Internacional para las Migraciones de un 100% del flujo

migratorio hondureño, un 43% son mujeres, siendo este último dato alarmante puesto que, estas

rutas migratorias habían sido utilizadas en menor medida por mujeres para reunificar familias, en

la actualidad el número de mujeres ha aumentado y la mayoría porque son jefas de hogar o huyen

de la violencia de sus comunidades.

La presente investigación busca identificar las realidades de las mujeres víctimas de femicidio y

sus familiares, al mismo tiempo, cómo esto se traduce en desplazamiento forzado o expulsión del

país.